When I was researching my book Día de los Muertos, I stumbled upon a surprising fact I had never heard before: some people believe that Halloween and Día de los Muertos are the same holiday. At first, I was shocked. Growing up bicultural, I always knew they were as different as peas and carrots. But I can understand how the confusion happens — the elegant Catrinas and Catrins who appear during Day of the Dead celebrations can look like Halloween costumes to those unfamiliar with the tradition.
Halloween has its roots in ancient Celtic and later Catholic traditions, evolving over centuries into a community-centered celebration filled with pumpkins, costumes, pranks, and plenty of candy. The rise of horror films cemented its reputation as a holiday meant to spook and scare.
Día de los Muertos, on the other hand, began — and remains — a deeply spiritual celebration rooted in Catholic faith and Indigenous practices. It’s a time for families to remember and honor their loved ones who have passed away, with solemnity, prayer, and joy. Altars, candles, photos, and favorite foods bring memories to life and celebrate the bonds that never fade.
Even Día de los Muertos has been influenced by popular culture. After a spectacular opening scene in a James Bond film, Mexico City began hosting an annual parade to mark the occasion. Now, public art, elaborate costumes, and vibrant installations add to the beauty — but the heart of the holiday remains the same: love and remembrance.
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Cuando estaba investigando para mi libro Día de los Muertos, me encontré con un dato sorprendente que nunca había escuchado: algunas personas creen que Halloween y el Día de los Muertos son la misma celebración. Al principio me sorprendió mucho. Al crecer en un entorno bicultural, siempre supe que eran tan diferentes como el agua y el aceite. Pero puedo entender de dónde viene la confusión: las elegantes Catrinas y Catrines que aparecen durante las celebraciones pueden parecer disfraces de Halloween para quienes no conocen la tradición.
Halloween tiene sus raíces en las antiguas tradiciones celtas y católicas, y con el tiempo se convirtió en una celebración comunitaria llena de calabazas, disfraces, bromas y muchos dulces. El auge de las películas de terror consolidó su reputación como una festividad diseñada para asustar.
El Día de los Muertos, en cambio, comenzó —y sigue siendo— una celebración profundamente espiritual, con raíces en la fe católica y las prácticas indígenas. Es un momento para que las familias recuerden y honren a sus seres queridos que han fallecido, con solemnidad, oración y alegría. Altares, velas, fotografías y comidas favoritas dan vida a los recuerdos y celebran los lazos que nunca se rompen.
Incluso el Día de los Muertos ha sido influenciado por la cultura popular. Después de una espectacular escena inicial en una película de James Bond, la Ciudad de México comenzó a organizar un desfile anual. Hoy, el arte público, los disfraces elaborados y las vibrantes instalaciones embellecen la celebración, pero el corazón de la festividad sigue siendo el mismo: amor y memoria.
